El viejo y el mar. (Ernest Hemingway).

Ernest Hemingway nació en Oak Park (Illinois) en 1898. Participó como soldado en la Primera Guerra Mundial. Fue un incansabe viajero. Estuvo numerosas veces en España; sobre la cual escribió dos novelas: Fiesta y Por quién doblan las campanas. Recibió el Premio Novel de Literatura en 1954, junto con el premio Pulitzer. Todas sus obras están escritas en un estilo directo y fluido que atrae enseguida el interes del lector. Murió en Ketchum (Idaho) en 1961. 

El viejo y el Mar

Era una vez un viejo solo en su barca , que pescaba en medio del Gulf Stream. Durante ochenta y cuatro días no había pescado un pez. En los primeros cuarenta días lo acompañó un muchacho.

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El viejo y el mar

Pero, después de todo este tiempo sin pescar, los padres del chico declararon que el viejo estaba decidida e irremediablemente salao, lo que era la peor forma de tener el cenizo. En consecuencia, el mozo fue enrrolado en otra barca que, en una semana, pescó tres buenos peces. 

Cada noche entristecíase el chico al ver al viejo regresar con su barca vacía. Nunca dejaba de ayudarlo a cargar los rollos de sedal, el bichero, el arpón o la vela arrolada al mástil. La vela estaba remendada con viejos sacos de harina, de modo que, plegada, parecía la bandera amorronada de la derrota.

El viejo era flaco y enjunto, con arrugas como cuchilladas en la nuca. Las manchas pardas de ese inofensivo cáncer de la piel que causa la reverbación del sol en los mares tropicales, señalaban sus mejillas. Cubrían casi por entero ambos lados de su cara, y sus manos tenían las profundas grietas producidas por los sedales cuando llevan prendidos de su punta grandes peces. Pero ninguna de esas grietas era reciente: eran como las erosiones de un desierto pelado.

Todo en el era viejo, salvo su mirada, que era alegre y valerosa y tenía el color delviejonino1-1el mar. -Santiago -le dijo el mozo, mientras trepaban por la orilla, después de haber varado la barca-, ahora podría volver a ir contigo. Tenemos dinero. El viejo había enseñado a pescar al chico y el chico quería al viejo.

No -dijo el viejo-, vas en una barca a la que todo le va de cara. Debes seguir en ella. -Pero recuerda que pasamos ochenta y siete días sin pescar nada, y que luego, durante tres semanas, cogimos peces grandes todos los días. Recuerdo -dijo el viejo-. Sé perfectamente que no me dejaste porque te hubieras desanimado. -Papá me obligó. Todavía soy pequeño. Tengo que obedecer, ¿Sabes? -Lo se -dijo el viejo-. Es natural. -El no tenía confianza. -No -contestó el viejo-. Pero nosotros, sí, ¿Verdad? -Si -respondió el muchacho-. ¿Quieres que te pague una cerveza en la terraza? Luego se recogerá todo.-Pues claro -dijo el viejo-. Entre pescadores…old-man

Sentáronse en la terraza. La mayoría de los pescadores se burlaron del viejo, pero el no se molestaba. Los otros viejos lo miraban y se sentían tristes. Sin embargo, no lo aparentaron y emprendieron una conversación cortés sobre las corrientes, los fondos donde habían tendido sus sedales, el buen tiempo persistente y lo que habían visto…

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Así comienza una de las grandes novelas del siglo XX, El viejo y el mar, del escritor norteamericano Ernest Hemmingway. En la narración de esta excelente obra se describe la historia de un anciano pescador y su resignación a la vejez. Los musculos se deblilitan con los años, pero el espíritu permanece intacto. El viejo se hace a la mar en su pequeño bote.

“Hoy trabajaré allá donde están las manchas de bonitos y albacoras, y acaso haya un pez grande con ellos”se dice. Las horas transcurren lentamente, pero el ansiado pez no pica. El viejo insiste. De pronto el sedal se tensa en el agua. Ha empezado una lucha titánica. Tras varios días de persecución, el pescador consigue clavar el arpón en su enemigo.

Sintió que el hierro penetraba en el pez y se inclinó sobre él y lo forzó a penetrar más, y luego le echó encima todo su peso. Luego el pez cobró vida, con la muerte en la entraña, y se levantó del agua, mostrando toda su longitud y anchura y todo su poder y belleza. Pareció flotar en el aire sobre el viejo, que estaba en el bote. Luego cayó en el agua con un estampido que arrojó un reguero de agua sobre el bote.

El puerto, sin embargo, queda muy lejos Apenas acaba de amarrar el pez al costado de la barca cuando aparece el primer tiburón. El viejo se dispone a defender su botín. Llegan más tiburones, y el anciano aprieta los puños. 

Pelearé contra ellos -dijo-. Pelearé contra ellos hasta la muerte. Pero los tiburones solo huyen cuando han devorado completamente al pez, dejando únicamente su esqueleto. El anciano se siente extenuado, pero no derrotado. La verdad es que él, superando su flaqueza, había conseguido pescar un gran pez…

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Hernest Hemmingway. El viejo y el Mar. Escrita en Cuba en 1951 y publicada en 1952. La novela ha sido llevada al cine en varias ocasiones, la interpretada por Spencer Tracy en 1958 fue una de las más populares. También es de reseñar la dirigida por Jud Taylor en 1990, interpretada por Anthony Quinn.

 

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