Personajes de la historia. Tiburcio de Redín y Cruzat.

Tiburcio de Redín y Cruzat 

 

Introducción

Tiburcio de Redín y Cruzat pertenecía a una ilustre y antigua familia Navarra. Su superior fue D. Carlos de Redín .Barón de Bigüezal, casado con doña Isabel de Cruzat, una dama de nobilísima cuna. D. Carlos, fue capitán de infantería española en unos 18 años de gloria en Flandes e Italia. Este se hallaba bajo el mando a su vez del Sermo, Sr. Don Juan de Austria, en el famoso combate deLepanto. Destacó por su gran inteligencia y valor, por lo cual, una vez retirado, se ganó el respeto y consideración hacia su persona. Tanto que el Marqués de Almazán, Virey de Navarra, certificó su capacidad para tratar temas complejos y graves, debido a su prudencia, su talento y las buenas referencias en todo el reino sobre el.

 

 

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La historia de Tiburcio de Redín no fue de interés general, o atrajo la atención del lector con intrigas cortesanas, tramas políticas o lances maravillosos, pero ya debieron encontrar mérito sus contemporáneos a los sucesos de su vida, cuando además de este libro, se escribió una comedia titulada: El Capuchino Español, impresa en Madrid en 1747, en la que se escenifican varios episodios de su extraño caracter. Se pintaron algunos retratos de este caballero, los cuales se guardan en Zaragoza, en la casa del Conde de Guendalain.

 

Existía un libro impreso en Madrid en 1704, en la imprenta Real, titulado: Vida y virtudes del Capuchino español, el venerable siervo de Dios, Sr. Francisco de Pamplona, religioso lego de la seráfica religión de los Menores Capuchinos de nuestro Padre San Francisco, y primer misionero apostólico de las provincias de España para el Reino del Congo en Africa y para los Indios en la América. Llamado en el siglo. D. Tiburcio de Redin y Cruzat, Caballero del orden de Santiago, Señor de la ilustrísima casa del Redín en el Reino de Navarra, Barón de Bigüezal y Capitan de la santa provincia de Castilla, procurador y secretario que ha sido de ella y Guardian del Convento de Alcalá de Henares y del Real de Santa Leocadia de la imperial ciudad de Toledo. De acuerdo con el siglo en el que vivía el escritor, quiso destacar su erudición, llenando este de religiosas teologías y murales, citas y comparaciones de la historia sagrada y profana, por lo que la lectura se vuelve algo tediosa, desviando la atención en la que en este texto se
pretende centrar. Este religioso, Fr. Mateo de Anguiano, publicó en 1685 la biografía de D. Tiburcio de Redín proponiéndose completarla más adelante con nuevos conocimientos acerca de el.

Biografía (síntesis)

 

 

Fue un apuesto soldado, audaz, iracundo y altanero, pero a la vez un humilde, pobre y cóntrito Capuchino. Semejante contraste muestra las miserias del corazón humano y el consuelo que dan las creencias religiosas, siendo merecido de dedicar algunas páginas.

Don Tiburcio de Redin nació en la ciudad de Pamplona, capital del Reino de Navarra, el 11 de Agosto del año 1597, en la calle Mayor, casa nº 37.

Murió su padre , quedando su educación en manos de su madre, quién lo amaba con extremado cariño, siendo responsable de atribuirle de unas máximas sanas y caballerosas, y darle una educación religiosa y esmerada.

De gallarda presencia, con afición a la carrera de armas y ánimo resuelto y esforzado. Su imaginación se exaltaba al oir narrar los notables hechos de su padre y sus hermanos, y pedía insistentemente a su madre ir a Italia con el fin de combatir al lado de su hermano D. Adrián, Capitán destinado allí del ejército español.

Su madre lo consideró bien joven para enviarlo en tales circunstancias, pero debido a sus súplicas, le permitió que empuñase la espada a los 14 años, no sin antes darle santos, heroicos y corteses consejos. Recordándole además los valerosos hechos de sus antepasados, los blasones y timbres de su casa y su obligación de mantener la reputación que le otorgaba, siendo su máxima, el convertirle en un cumplido Caballero. Una vez que de rodillas escuchó a su respetada madre y después de besar su mano, marchó a Milán a lomos de su caballo. Llegó a Lombardía, por su corta edad se vió obligado a permanecer junto a su hermano mayor una vez entregado a las fatigas de la guerra. Perteneció , una vez ya preparado, a las compañías de D. Juan Manrique, D. Iván de Silva, Francisco de Murga y D.Martín de Idiáquez.

 

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Fue descrito por sus compañeros como soldado arrojado y valeroso. En el cerco y toma de Vercelli fie uno de los veinte soldados que se eligieron para derrotar al enemigo, siendo herido, pero sin  dejar de luchar hasta conseguir el triunfo. Se le asignó la tarea de apoderarse de una obra de fortificación enemiga que causaba daños al ejército español, siendo tomada por el y sus hombres. Fue herido durante todas sus empresas encomendadas por el Duque de Saboya, y apesar de las amonestaciones de sus jefes, no quiso retirarse nunca. Después de la sangrienta guerra de Italia en 1619, con Real Licencia, regreso a España para atender las necesidades de su familia.

Fue acogido por la mayoría de señores de la corte por su valor  e inteligencia, además de convertirse en distinguido por las damas y caballeros por su elegancia en el vestir y su manejo de las armas. Fue adulado por sus allegados y atolondrados compañeros, llevándole a arrastrarse por afición a pendencias y combates y a cometer locas acciones. Fue encomendado por sus superiores, con gran reconocimiento hacia su persona, de varias misiones de gran responsabilidad, como por ejemplo las llevadas a cabo en Sanlúcar (Cádiz) y en la isla Margarita del Caribe  para traer perlas y tesoros a S.M.

Siempre destinado a estar al acecho de las naves y galeones que provenían de América. Terminando en Junio de 1623, pasó a Medrial, para dar cuenta al Rey de haber cumplido sus órdenes. Siempre buscando ser laureado, participó en muchas misiones encomendadas para la defensa y gloria del reino, combatiendo contra buques ingleses, batiéndose en numerosos enfrentamientos de las fuerzas navales españolas, siendo cañoneado, salió a flote en su navío, y sin perder nunca su persencia de ánimo que nunca le faltaba.

En una ocasión , fue encargado de marcar la dirección hacia la Isla de San Martín, en la exspedición comandada por el Maestre D. Luis de Rojas, para arrebatársela a sus enemigos, subiéndose, de tiempo en tiempo, en los árboles más altos para, con una brújula, marcar el camino por aquellas espesuras, en una operaciòn en extremo difícil y arriesgada, teniendo que pasar por un desfiladero donde las huestes enemigas tenían apuntalada su artillería, y estando coronada por sus mejores mosqueteros, en un lugar lleno de peñascos y guijarros  donde era muy difícil abrirse trinchera, ni aprovechar la osuridad de la noche para pasar sin ser visto dado el ruido que producía el roce de los pies en aquel terreno. En esta empresa, recibió dos balas de mosquete en el pecho y en el brazo, y no hubo bajas en su partida. Al ser mas tarde reforzado con más unidades, y al rayar el alba, atacó al enemigo con certero y nutrido fuego, derrotando al Gobernador y las defensas del fuerte, sin más opción que entregarlo .

Esto aconteció en Junio de 1633. Ya de vuelta a Madrid, el Rey Felipe IV le condecoró con muchas distinciones, en especial, con una cadena de oro que se ha conservado hasta nuestros días en la iglesia del pueblo de Redín, en Navarra.

Acostumbrado después a la tranquilidad y angustiado por ello, participó en otras conquistas contra moros, en sangrientas y recias peleas en batallas acontecidas en la costa de Valencia siendo considerado una loca temeridad. Después de esto, S.M. le otorgó un cargo mayor de la Armada en Cataluña. Diciendo esto Su Majestad: ” Y no tengo que encargaros el valor con que habéis de proceder en todas las ocasiones que se ofrecieran, pues confío que cumpliréis enteramente con vuestras obligaciones, como lo habéis hecho siempre”. En San Lorenzo (Madrid), a 26 de Octubre de 1635.

 

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Tras reclamar al Rey que le diera instrucciones sobre su desempeño en este mando, este lo envió a tratar con el Conde Duque de Olivares, su primer ministro, y así tratar este asunto. El conde, al no congeniar con el honrado caballero, manifestó evasivas para ayudarle, por lo que no pudo entrevistarse con él. Fue entonces cuando Tiburcio planeo con sus soldados una emboscada al Duque, donde saltó a su coche de caballos, tirando de las riendas, deteniendo los caballos y haciendo a este rendir cuentas sobre el asunto.

Después de este suceso, fue aconsejado de que se ausentara de la corte, ya que el ministro estaba muy irritado e intentó prenderle; pero por las buenas relaciones que tenía con este valiente y bizarro caballero, lo aconsejó para que se ausentara. Siguiendo este prudente consejo, salió por Salamanca y de ahí a Cádiz, donde se embarcó hacia Panamá. Allí se encontró con el Virey en Perú, quién lo acogió y le dió la oportunidad de distinguirse con un brillante hecho de armas que le ayudara a reconciliarse con el Rey y el Primer Ministro.

Este le proporcionó un buque, el cual cargó de mucho lastre, para hacer pensar al enemigo que iba cargado de riquezas. No tardó en acercarse un buque holandés cuyo mando hizo abordaje en la nave española, creyendo a ésta indefensa. Se presenció en la cámara del capitán, creyendo que estaba enfermo, y al entrar, D. Tiburcio le tiró un pistoletazo, desatando la refriega entre españoles y holandeses, estos últimos en gran número. Los Españoles, al mando de Redín, se lanzaron sobre el navío holandés y se apoderaron de él. Los holandeses trataron de atacar a los españoles con su propia artillería para recuperar el suyo, pero hallándola clavada, se vieron irremediablemente perdidos y tuvieron que rendirse. Recuperó de esta forma su amistad con el Rey y el primer ministro, siendo condecorado por este hecho de gran valor, aunque algunos nobles y caballeros no aprobaban, quienes consideraban sus métodos un tanto impropios a pesar de su carácter heroico y valiente, lo cual desmeritaba su valor.

En sus 24 años de carrera militar, pocos fueron reposados y de sosiego, y todos los generales a cuyas órdenes militó, encomian su bizarría e inteligencia en el arte de la guerra, lo mismo en tierra que en el mar.

 

  • Agradecimiento a J.C.M por su colaboración en el desarrollo de esta entrada
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